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Alumnos y alumnas que pasaron por la escuela de Mas Blanco posan en la fachada recuperada.

La escuela de Mas Blanco vuelve a llenarse de gente

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Alumnos y alumnas que pasaron por la escuela de Mas Blanco posan en la fachada recuperada.

Alumnos y alumnas que pasaron por la escuela de Mas Blanco posan en la fachada recuperada.

Más de cien personas se han reunido hoy en Mas Blanco para el acto de reinauguración de su escuela, organizado por Recartografías para «rendir homenaje a todas aquellas familias masoveras que vivieron en lugares como Mas Blanco, Pozo de la Muela, Tarín, Los Baltasares… y que construyeron con sus manos un paisaje de gran interés», ha señalado Luis del Romero, coordinador de la asociación.

Hoy, coincidiendo con la festividad de San Antonio que fue una de las fiestas más importantes de la zona, se ha reinaugurado esta escuela después de 42 años. Algunos de los vecinos que siendo niños estuvieron escolarizados en este centro se han acercado hasta Mas Blanco en este día de celebración. «Nunca imaginé que volvería a ver la escuela como estaba cuando yo estudiaba», contaba Práxedes, vecina de Los Baltasares que comenzó su escolaridad en esta escuela alrededor del año 1962.

La ilusión y la emoción de aquellos niños de entonces se ha visto reflejada en sus rostros y expresiones al pisar este espacio casi tal y como estaba cuando se cerró. Han recordado el nombre de sus maestras y de sus compañeros en la pequeña exposición fotográfica que se ha podido reunir gracias a la colaboración de los vecinos. Trinidad, del Pozo de la Muela, estudió en este espacio «desde los 6 hasta los 16 años» y «todo lo que sé, lo aprendí aquí».

Alumnas y alumnos que pasaron por la escuela de Mas Blanco vuelven a sentarse en sus pupitres.

Alumnas y alumnos que pasaron por la escuela de Mas Blanco vuelven a sentarse en sus pupitres.

El actual alcalde de San Agustín, Juan Robles, ha dado la bienvenida y ha agradecido la presencia «de todas las personas que estáis hoy aquí» y ha destacado especialmente el trabajo de Luis del Romero, «promotor de todo esto, que lo ha hecho posible sin pedir nada al ayuntamiento, con sus medios, con su gente» y para el que ha pedido un fuerte aplauso.

Por su parte, Luis del Romero, coordinador de Recartografías, ha destacado el esfuerzo puesto en la recuperación de esta barriada. A los miembros de la asociación «nos unen dos pasiones: el amor por la naturaleza y por el medio rural», ha dicho antes de insistir en la importancia de la ilusión: «Con poco se puede hacer mucho» y «deberíamos empezar a trabajar más en comunidad, que es como se vivía en zonas como estas», con el objetivo de que pueblos como San Agustín vuelvan a estar en los mapas.

«Nos gustaría que esto volviera a ser lo que una vez fue: un espacio vivo», en el que se pueda recuperar nuestra memoria colectiva y aprender materias que no deben perderse, como «astronomía, micología, botánica, geomorfología, historia, la guerra civil…». La próxima actividad en esta escuela tendrá lugar el 13 de febrero, dentro del Seminario de la Universidad de Valencia titulado «¿Volver a crecer? Desmontando discursos, visibilizando alternativas», que incluye un día en Mas Blanco, visita guiada a la zona y dos charlas en la escuela rehabilitada.

El documental Teruel resiste, Mas Blanco persiste –producido por Santiago Rodríguez de Zemia Media– recoge la historia del barrio, la construcción de la escuela por parte de los vecinos y los trabajos de recuperación, en los que han participado una veintena de personas desde 2014. Ha sido necesario proyectarlo hasta tres veces para que todo el mundo pudiera verlo, ya que el aforo de la escuela es limitado.

Reinauguración escuela Mas Blanco

Los primeros vecinos iban llegando a la escuela, antes de las 12 horas.

El que fuera alcalde de San Agustín en el momento de iniciarse este proyecto, José Fernández, ha declarado que el proyecto «me ilusionó desde el principio porque la rehabilitación de un pueblo no pasa por las macroiniciativas sino por ideas tan bonitas como ésta». Tras el primer pase, Fernández ha confesado que se ha emocionado: «No he podido contener las lágrimas».

 

La escuela reinaugurada

La escuela de Mas Blanco se inauguró por primera vez en 1950 y cerró su etapa formativa en el curso 1973-74. Había sido construida por los propios vecinos de las masadas de San Agustín y Albentosa para que sus hijos no tuviesen que recorrer largas distancias para recibir la instrucción básica. En el momento en el que la asociación se hizo cargo, la escuela amenazaba ruina. Parte de la talla se había venido abajo, el techo presentaba varios agujeros y el interior estaba lleno de paja y de suciedad porque se había utilizado el edificio como corral para ganado.

Interior de la escuela tras la rehabilitación.

Interior de la escuela tras la rehabilitación.

Ahora, la escuela ha recuperado el color blanco en las paredes y las ventanas han recobrado el color rojo que tenían entonces, así como las dos pizarras enceradas que vuelven a poder usarse. Sobre las tablas de los pupitres de entonces, libros infantiles, pizarrines y otros materiales escolares recuperados, y sobre la mesa de la maestra, pluma, tintero y el libro de lecciones. Todos los muebles fueron tratados y restaurados gratuitamente por Paco Maderas, vecino de Calamocha.

Se han podido recuperar también el crucifijo que presidía el aula entonces y algunos mapas –anteriores a la escuela (de finales del siglo XIX)–, que decoran las paredes junto con otras imágenes de época de los niños y la maestra en la puerta de la escuela, y de otros elementos recuperados en la zona como fiambreras de metal, cantimploras y algunos elementos bélicos correspondientes al período de la Guerra Civil.

El Molino Alto

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Entrada principal al molino
Esta es seguramente una de las visitas más interesantes de las realizadas hasta la fecha, tanto por el valor del patrimonio descubierto como por su excelente estado de conservación. Entrar en el Molino Alto es como realizar un viaje en el tiempo a la época de la dura posguerra, ya que tanto la maquinaria como el mobiliario, enseres y documentación datan como mínimo de esa época.
 Vista trasera del edificio
 
Pero la historia de este molino se remonta mucho más atrás en el tiempo. Parece ser que se trata de un molino de origen medieval ya documentado en el siglo XIII. El canal de entrada y la balsa construidos con grandes sillares dan una pista de la antigüedad de la edificación, así como los rodetes. Aquí vamos a explicar brevemente la historia de esta joya de nuestro patrimonio, hasta hoy olvidado.
 
Vista del molino y del bello paraje donde se asienta.
Se trata de un molino harinero y fábrica de harinas y piensos  que recoge las aguas de un azud situado a casi dos km río arriba. Desde el azud parte una acequia, hoy arruinada por completo, que transportaba las aguas hasta una balsa de piedra situada a espaldas del molino. Desde allí tradicionalmente un salto de agua movía la muela que se empleaba para la fabricación de harinas, tras lo cual el agua volvía al río a través de un canal que aún hoy en día es bien visible. Así es como funcionaba el molino hasta finales del siglo XIX. EN 1887 el molino pasó a ser propiedad de la familia Gómez. G. Gómez viendo a principios del siglo XX que la maquinaria se estaba quedando rápidamente obsoleta, decidió realizar una gran inversión para convertir aquel molino medieval en una moderna fábrica de harinas. Superando  mil dificultades de la época, desde conseguir un crédito hasta seleccionar, transportar y montar la maquinaria, en 1927 comenzó a funcionar una de las fábricas de harinas más importantes de la provincia, con tres plantas con maquinaria de molienda de la empresa Bühler de Suiza y un complejo sistema de canalizaciones de grano y poleas construido con madera de pino de Oregón y escandinavo. Gracias a la calidad de esta madera, hoy en día gran parte de la estructura se conserva perfectamente.
Era una época en la que había que agudizar el ingenio, y entre otras cosas había que pensar cómo mover toda aquella maquinaria. El molinero dio con la solución tras una visita a Valencia en los años 20. Allí compró en el puerto un motor diesel de barco de dos tiempos que tardó 15 días en traer hasta el nuevo molino. De esta manera siguió utilizando el antiguo molino con su tolva para fabricar piensos y el nuevo motor para la fábrica de harinas.
Sin embargo este molino tan solo llegó a funcionar 27 años. G. Gómez era un destacado militante socialista en su pueblo y cuando estalló la guerra su molino se utilizó para aprovisionar de harina al ejército republicano e incluso llegó a construir otra fábrica de harinas en una población cercana más a la retaguardia. Durante la contienda el molinero juró “no dar nunca harina a Franco”. Sin embargo, tras el desenlace de la guerra civil el molino fue ocupado por la guardia civil y el molinero arrestado, interrogado, torturado y condenado a 10 años de prisión.  Durante los duros años de la posguerra en el valle abundaban las guerrillas del maquis que se aprovisionaban de las masías cercanas y del propio molino. Cada día, la guardia civil acudía a registrar el molino en busca de armas y a hacer prácticas de tiro en las cercanías. La guerrilla maquis estuvo activa en la zona hasta 1953, fecha a partir de la cual el molino empezó a funcionar de nuevo con normalidad hasta su cierre en 1987. En 2011 se descubrió en un escondrijo de este molino varias armas de la guerra civil así como dinamita robada de unas cercanas minas, con el fin de armar al maquis. Aún es muy posible que este molino esconda muchos secretos…
Las condiciones de vida en cualquier molino no eran fáciles, tampoco en el molino Alto. A pocos metros de la entrada se levanta un muro de piedra que tenía como función proteger la entrada principal de las ventiscas de nieve. Uno de los principales problemas que sufrían sus habitantes era el frío y la humedad. El molino no disponía de calefacción y uno de sus habitantes todavía hoy recuerda que el frío era tal que “se congelaba el agua de la cocina”. Otro de los principales problemas era el aislamiento. Durante muchos años, al igual que las masías de los alrededores, este molino era casi autosuficiente, apenas bajaban al pueblo para comprar un poco de ropa o enseres para la casa. La finca donde se encuentra el molino disponía de pastos para ganado, huerta, campos de secano y corrales. El propio mantenimiento de la maquinaria del molino obligó a instalar un aserradero y una pequeña herrería para reparar piezas dañadas.
Hoy este molino se encuentra en muy buen estado de conservación y existe un proyecto de rehabilitación y de construcción de un hotel rural. Desde aquí esperamos que se respete al máximo  el legado de esta magnífica muestra de patrimonio industrial  y de memoria histórica de nuestro pasado más reciente.
  
 
Primera sala de máquinas y aserradero, donde se ubica el árbol que conectado a la turbina pone en marcha toda la maquinaria.

 

Antigua tolva del molino de origen medieval

Uno de los numerosos talleres con todo tipo de herramientas para reparar la maquinaria del molino

El motor diesel de barco que  generaba la energía necesaria para mover toda la maquinaria

Dos vistas de la vivienda del molinero, aún con cocina antigua y recocina con alimentos y conservas de los años 80.

 

 

 

Vistas de la maquinaria de molienda y refinado de la harina. Casi la totalidad de la harina podría funcionar hoy en día, ya que solo hay algunas correas que están rotas.

Piso superior del molino que se utilizaba como almacén y sala de pesado de las harinas.

Garaje y taller principal del molino con una antigua tolva y más herramientas.

Restos de una motocicleta con matrícula de San Sebastían de las primeras décadas del siglo XX.

Un último descubrimiento inesperado: un Renault 4L de los años 70 en el garaje del molino