Crónica del Seminario Recartografías (I)

Crónica del Seminario Recartografías (I)

Autores: Eva López, Estefania Llorens y Sergio Otero.

Ostentando el título “Medio Rural, Medio Ambiente y Pandemias. Acciones y propuestas creativas y positivas en tiempos oscuros” tuvo lugar la celebración del octavo seminario consecutivo de la asociación Recartografías.

Sin duda, un seminario un tanto especial desde el punto de vista del formato, con una modalidad de semipresencialidad, retransmitiendo a los participantes desde la Facultad de Geografía dado el actual contexto de crisis sanitaria y restricciones vigentes durante el mes de febrero para la Comunidad Valenciana.

Así, a las 16:06 del 18 de febrero, de la mano de Carme Melo, dio inicio el evento, con una breve presentación de la Asociación, los temas abordados por la entidad, localización y pequeña descripción del proyecto principal en el barrio masovero de San Agustín, Mas Blanco, así como descripción de las actividades ofertadas por la asociación.

Tras esta pequeña presentación, a continuación se procedió a detallar los puntos a abordar por el seminario, enfatizando que su intención y objetivo principal era contribuir a visibilizar qué sucesos han tenido lugar con respecto al medio ambiente mientras el mundo parecía estar congelado por la pandemia; además de indagar y reflexionar sobre cómo ha cambiado desde entonces el medio rural, cómo ha sido y está siendo afectado por la pandemia, como repercute en los diferentes colectivos que en él habitan y cuál es el futuro que a este le espera.

De esta manera, y de acuerdo con el programa provisional, se abrió paso a la primera intervención, presentada por Luis del Romero Renau con título “El Medio Rural Frente a Pandemias: ¿Una oportunidad para la despoblación?

Partiendo de la pregunta “¿Qué ha pasado en el medio ambiente mientras nosotros estábamos confinados”? la ponencia se organizó en tres partes:

  1. Hemos sido engañados: una contextualización sobre las estrategias formuladas para abordar el problema de la despoblación en el medio rural. Ante este fenómeno que amenaza los territorios españoles, se crea diez años atrás la Asociación Serranía Celtibérica que tiene como objetivo principal frenar el escenario demográfico de los territorios rurales. A partir de este momento, podemos observar dentro del territorio nacional diferentes movilizaciones que pretenden luchar contra el fenómeno de la despoblación, citando como ejemplo las ponencias y discursos de compromiso con el medio rural de los presidentes autonómicos durante el periodo comprendido entre 2014 y 2017, la creación del Comisionado del Reto Demográfico y la Agenda Valenciana contra la Despoblación de la Generalitat en 2017, la Comisión Permanente sobre la despoblación en 2019, así como la redacción e incorporación de 11 directrices sobre la despoblación y sostenibilidad en el pasado 2020. Sin embargo, se observa un contrastado escenario, donde el marco institucional va totalmente desfasado de la realidad del territorio, presentando características de desierto demográfico tan marcadas como en los países nórdicos. Sin embargo, pese a esta desincronización, previo a la pandemia es posible observar la amplia movilización que estaba teniendo el medio rural, en un periodo de inestabilidad política, en el que las negociaciones eran un elemento principal y característico. Pero a raíz de la epidemia, el territorio nacional se reorganiza alrededor de una serie de restricciones, competencia de las comunidades autónomas e impuestas a partir de la lógica de la estructura provincial, dando como resultado una serie de disfuncionalidades y sumiendo al territorio en un apagón mediático respecto al problema de la despoblación para acto seguido enfatizar única y exclusivamente en noticias alrededor de la crisis sanitaria.
  2. Lo que pasaba ahí fuera: continuando por el hilo del apagón mediático, la segunda parte de la ponencia tenía por objetivo dar a conocer actuaciones y proyectos que fueron puestos en marcha durante el periodo de cuarentena. Así, mientras los noticieros llenaban sus titulares con cifras de heridos, muertos y contagiados, en ese gran territorio en crisis, abandonado, al que nadie hace caso, que va y resulta cumplir con una serie de características esenciales para que el medio urbano siga funcionando, estaban ocurriendo eventos sobre los que no se pronunció palabra alguna. Es el caso de la presentación de múltiples proyectos de macrogranjas de la mano de Castilla la Mancha, orientando la producción hacia un modelo agrario mucho más impactante; la oleada de proyectos de minería a cielo abierto para la extracción de metales raros en Extremadura, con una fuerte respuesta social local de la cual nadie ha tenido conciencia en el resto del territorio; y el aumento de la privatización y cierre de caminos públicos promovido por propietarios en Andalucía. Así, con estos ejemplos queda de manifiesto cómo se ha facilitado la tendencia hacia el neoextractivismo, una práctica que parecía ser exclusiva de América Latina, fuertemente adoptada en el territorio nacional, siendo ejercida especialmente en los lugares más despoblados.
  3. ¿Coronavirus como oportunidad?: finalmente, en esta parte se pretende desmentir una afirmación popular proclamada en relación con la pandemia. Con todo lo anteriormente expuesto, podemos concluir que en absoluto, esta situación significa una oportunidad, pues todo apunta al aumento del maltrato hacia el medio rural y, en consecuencia, hacia el medio ambiente. Mientras dure la crisis sanitaria, y se mantiene a la población al margen, es posible llevar a cabo la aprobación o ejecución de proyectos ahora que puede ablandarse la legislación y no es posible un escenario de respuesta social y manifestación en oposición.

Y es que, aunque se ha demostrado que la actual crisis sanitaria no representa una oportunidad para el medio rural, la pregunta que deberíamos plantearnos es: ¿Es el medio rural en contacto con la naturaleza, más resiliente frente a epidemias y a sus efectos?

Como aspectos positivos es posible destacar que la vida en el medio rural se muestra más saludable en comparación con los hábitos urbanos, donde el contacto social es mucho más escaso principalmente por su baja densidad poblacional y la situación de aislamiento geográfico. Sin embargo, es esencial tener en cuenta los aspectos negativos de este territorio. En primer lugar, el medio rural es un territorio constituido por población envejecida, con marcadas deficiencias sanitarias y cuyo ritmo de vida exige una constante movilidad que dificulta la capacidad de contención de sus habitantes.

Pero a pesar de ello, al realizar un análisis de los datos de contagios por municipio, queda demostrado por una correlación lineal que cuanto más rural es el municipio, menor ha sido la incidencia del Coronavirus. De manera que, a pesar de que en la tercera ola se cuente con territorios muy afectados, el esquema de las ciudades como núcleos de contagio se repite.

Por tanto, pese a la crisis, la despoblación y todas las dificultades que le azotan, se ha comprobado que el medio rural sigue triunfando en cuanto a resiliencia y salud. Y si bien es cierto que la pandemia no ha supuesto una oportunidad para el territorio, a raíz de las restricciones y el hartazgo de la vida en la ciudad, por lo menos por fin comienza a verse el medio rural como un entorno positivo. 

Siguiendo con la primera jornada del seminario, la segunda ponencia la realizó María Sánchez Murciano, miembro de Recartografías, con el título “Coronavirus, Confinamiento y sus efectos sobre el Medio Ambiente”.  La intervención de la ambientóloga se basó en tres bloques bien distinguidos: residuos, emisiones y biodiversidad. 

En el primer bloque de residuos se trata el tema de los nuevos desechos provocados por la pandemia, es decir, guantes y mascarillas. Durante la situación de confinamiento y coronavirus se ha producido un aumento en el consumo de productos desechables de un solo uso. Este incremento en la generación de residuos tiene repercusiones sobre los ecosistemas y sobre la fauna que en ellos habitan. Además, todos estos desechos de un solo uso terminan en el mar. 

En el segundo bloque de emisiones se centra en explicar cómo ha evolucionado la emisión de gases de efecto invernadero durante el confinamiento y después del confinamiento que vivimos en 2020. Así, a inicios del confinamiento total por la llegada del Covid-19, la población se ve obligada a encerrarse en sus casas, por lo que la industria y el transporte se paraliza casi por completo, por tanto las emisiones disminuyen, pero no se paraliza nuestra producción de residuos orgánicos e inorgánicos domésticos. 

Dentro del bloque de emisiones María Sánchez se centró en las emisiones de los siguientes gases de efecto invernadero: 

  • El NO2: el dióxido de nitrógeno aumenta a medida que las restricciones por el Covid-19 disminuyen. Es curioso ver que las emisiones de NO2 producidas antes del confinamiento son menores que las producidas después del confinamiento. Durante los dos meses de pausa las emisiones bajaron, pero con la desescalada las emisiones empezaron a subir progresivamente hasta llegar a superar las anteriores. este hecho se debe al transporte individual, se utiliza constantemente el transporte privado para salir de nuestros municipios y no cruzarse con otra gente que podría, o no, tener el Covid. 
  • El CO2: en la actualidad y desde los años 70 los niveles de CO2 han aumentado un 26%, y el confinamiento no ha dado tregua a este aumento. Nos damos cuenta de que mientras estábamos encerrados en casa el mundo no ha parado, ha seguido funcionando y produciendo, por lo tanto, ha seguido emitiendo CO2 a la atmósfera. de hecho, según datos de la AEMET, el 18 de abril se dió un pico histórico de emisiones de CO2, con 418,7 ppm de concentración media diaria de CO2. Para recapacitar sobre la crecida de las emisiones de CO2 durante el confinamiento, el año pasado por estas fechas las emisiones eran de aproximadamente 415 ppm. La tendencia sigue creciendo.  

En el tercer y último bloque, de biodiversidad, se analiza lo que ha ocurrido durante y después del confinamiento, y lo que ocurrirá en un futuro próximo. Durante el confinamiento se da una ausencia de interacción/molestias hacia la fauna salvaje, por lo que los animales se desplazan con tranquilidad llegando a entrar en las propias ciudades. Además, a causa del tiempo libre y, por qué no decirlo, el aburrimiento de estar en casa, nos fijamos más en el exterior y en las cosas que “nos estamos perdiendo”. Es por ello que la población comenzó a notificar avistamientos de fauna salvaje que normalmente viven entre nosotros en las ciudades, pero que no estamos acostumbrados a fijarnos en ellos. Un claro ejemplo es el del Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus).

Para el post-confinamiento, se observa la predilección del turismo hacia los ambientes naturales de la ciudad de Valencia, dadas las limitaciones de movilidad establecidas. Al contar con el confinamiento perimetral las visitas se concentran en las zonas naturales valencianas como L’Albufera, El Saler o el Garbí, entre otros. Un ejemplo de especies que se han visto afectadas por este turismo irresponsable es el Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus), que anida a los pies de las dunas en febrero. Su puesta y anidación no suele tener problemas por interferencia humana en estas fechas, pero, de nuevo, como la gente no puede salir de su Comunidad viaja a estas playas que de normal están vacías durante esta época del año, alterando la dinámica de puesta y anidación del Chorlitejo. 

¿Qué conclusiones pueden sacarse del coronavirus, el confinamiento y sus efectos en el medio ambiente? En principio, el confinamiento parecía suponer un beneficio respecto a la situación ambiental y climática en la que nos encontramos, pero no ha sido así. El mundo no se ha detenido ni tan solo un segundo. Por ello, queda claro que no podemos esperar que llegue una pandemia o un confinamiento para cambiar nuestra situación ambiental y climática, tenemos que actuar, y debemos hacerlo ya. 

Acto seguido, da inicio la tercera ponencia “¿Cuándo empieza un incendio forestal? Consideraciones holísticas sobre los procesos socioecológicos más allá del humo”, por Isabeau Ottolini, miembro de Recartografías y UOC.  Isabeau nos pone en contexto: durante el confinamiento hubo menos incendios forestales, y lo primero que nos tenemos que preguntar es ¿queremos menos incendios? De entrada, podemos pensar que sí, pero debemos pensar en la ecología del fuego.

Esta primera reflexión enlaza con una segunda, ¿cuándo comienza un incendio forestal? Para poder contestar a estas preguntas hay que mirar más allá del humo. Durante 2020 ha habido menos incendios forestales, concretamente cuatro incendios forestales en todo el territorio valenciano. 

A primera vista, que haya menos incendios puede parecer bueno, es lo que queremos, pero hay que tener en cuenta la ecología del fuego. Se tiene que considerar que es parte de la dinámica natural, convive con el ecosistema mediterráneo, que lo necesita para la germinación y renovación de las especies vegetales, es decir, a la biodiversidad del ecosistema forestal. Muchas campañas publicitarias y de acción nos han hecho creer que el fuego es malo, pero no todo incendio es perjudicial, y por suerte cada vez se va conociendo más su papel fundamental.

De todos modos, remarcamos, no todos los incendios son buenos. Es necesario evaluar el riesgo. Obviamente pueden ocasionar efectos catastróficos, generando mayor problemática cuando son extensos y en función de su localización. Para poder entender mejor el incremento de incendios forestales catastróficos debemos entender la paradoja del fuego. Las nuevas brigadas forestales están preparadas para extinguir el fuego en su totalidad de la forma más rápida posible, esto favorece el sotobosque, por lo que aumenta la biomasa forestal convirtiéndose en combustible para nuevos incendios. Paradójicamente, cuantos más recursos se destinan a extinguir los fuegos, aumenta la probabilidad de que los incendios que se escapen se descontrolen.También hay que tener en cuenta otros factores, como el abandono de la gestión del  bosque, aumento de las sequías, olas de calor, acumulación de biomasa vegetal, etc.

Para saber cómo gestionar el fuego hay que hacer una pequeña reflexión sobre cuando comienza un incendio. Comúnmente, un incendio se origina mediante una chispa, este concepto ha sido utilizado por muchas campañas contra los incendios, chispas producidas por colillas, plàsticos, efecto lupa, etc. Muchos de los mensajes públicos enfatizan en la responsabilidad individual, TÚ eres el responsable, TÚ lo puedes evitar, de TI depende, y muchos otros. Y está claro que la responsabilidad individual también es vital en la prevención de incendios, pero no hay que olvidar el contexto actual. Hace falta un enfoque y gestión de los incendios más holístico.

Un claro ejemplo de la mala gestión de los incendios es el caso del incendio que tuvo lugar en Sant Joan, Alicante, en 2009. Se puede considerar que este incendio comenzó hace unos 50 años, con el abandono rural, la acumulación de vegetación y matorral bajo, y la presencia de pinos en el bosque. Se dice que comenzó hace 50 años porque la carga de combustible vegetal ha ido acumulándose durante todo ese tiempo, y en pocos minutos todo desapareció en el incendio. 

¿Cuál sería la metáfora de “mirando más allá del humo”? Los incendios forestales se podrían ilustrar cómo un iceberg, en el que la parte visible es lo que nos llama la atención, cuando hay un incendio, el fuego atrae tanta atención y despierta tantas emociones, que pasa a ser la parte con más repercusión social, y por ello no se miran las causas subyacentes. El neoliberalismo, los cambios en los usos del suelo, el abandono de actividades de gestión, la despoblación, la pérdida del conocimiento tradicional sobre los incendios forestales, las sequías, los vientos fuertes, todas estas causas, y muchas más, son la parte sumergida del iceberg. 

Conclusión, menos incendios forestales no siempre es mejor y más deseable. Para poder convivir con el fuego es necesario establecer una mirada holística e inspirar movimientos sociales relacionados con la ecología del fuego. Es fundamental que la sociedad conozca cuál es el verdadero problema para poder atajarlo. 

Continuando con la programación, la presentadora Sara Gil, de la asociación Recartografías da pie al comienzo de la mesa redonda, en la que se reflexiona acerca de lo que ha ocurrido y está ocurriendo con el medio ambiente durante el contexto de la pandemia. Se exponen tres conflictos, los cuales reflejan, como ya se ha mencionado, que el mundo no ha parado, se han seguido tomando decisiones y planificando proyectos cuyos impactos deberían ser considerados. Las ponencias tratarán de dar respuesta a las preguntas formuladas por la presentadora:

  • ¿Creéis que la pandemia está complicando que se tengan en cuenta las voces locales y se está favoreciendo la toma de decisiones unilateral?
  • ¿Desde vuestros colectivos tenéis alguna propuesta sobre alternativas o formas de abordar cada uno de los conflictos tratados?

El primer ponente es Antonio Valera, de la asociación Recartografías, el cual expone el conflicto eólico que está sufriendo Aragón. 

En la actualidad, la búsqueda de formas de energía renovable está experimentando un aumento, con el objetivo de seguir manteniendo los sistemas de consumo y de producción económica de la población. Durante el confinamiento, algunas empresas y grandes inversores han visto este suceso como una gran oportunidad para seguir manteniendo sus beneficios frente a la caída drástica de algunos sectores como el del turismo. 

En España, las energías renovables están suponiendo una grave amenaza debido a la gran superficie que necesitan para poder llevarse a cabo. El medio rural es visto como el lugar idóneo para implantar las explotaciones ya que el suelo presenta un coste más asequible. Los estudios que tratan de plasmar la incidencia de estos proyectos son elaborados por las mismas empresas que los llevan a cabo, y sin considerar el alto valor ecológico y cultural de estas áreas. Este problema se ve agravado por la fragmentación, cada proyecto o fase se produce en lugares diferentes, y por una escasa evaluación de los impactos que puede suponer. La descentralización administrativa no ayuda ya que las empresas van en busca de la opción más sencilla para implantar el proyecto.

Los parques eólicos producen graves impactos sobre el medio suponiendo un elevado riesgo del patrimonio cultural. Se trata de conjuntos de 30 aerogeneradores de 200 m de altura, por lo que el impacto visual sobre el paisaje es enorme. En 2017, Aragón generaba una cantidad de 7020 MW de energía eólica, y la mitad de esta producción no era consumida en este territorio, era destinada a las grandes ciudades (Castellón, Valencia o Barcelona). La situación actual se basa en la propuesta de una gran cantidad de proyectos destinados al consumo de la población de fuera del territorio en el que se implantan las grandes explotaciones, en este caso Aragón. 

En un principio este fenómeno pretende generar riqueza en zonas que sufren problemas de despoblación bastante serios. En cambio, se observa como la implantación de los aerogeneradores no supone ningún cambio demográfico en el territorio. El aumento de empleo se produce, en su gran mayoría, para trabajadores provenientes de fuera del territorio y del sector de la construcción. Una vez acaba la construcción gran parte de esta población se va de la zona. Solo serán beneficiarios los propietarios del terreno, los cuales suelen vivir en la ciudad y no invierten de ninguna manera en el medio. 

La solución a este problema, argumentada por la Plataforma de Defensa del Paisaje de Teruel, se basa en la huida de una transición energética caracterizada en un modelo centralizado, y en la búsqueda de una transición justa, basada en un modelo distribuido en proyectos de energía renovables a pequeña escala según las necesidades de autoconsumo de cada territorio. Es necesario replantear el modelo para que la sociedad avance en un contexto de cambio climático en el cual las zonas rurales son clave.

La siguiente exposición presenta el conflicto que está ocurriendo en la Huerta de Valencia, de la mano de Lorena Mulet, activista dentro de la asociación Per l’horta, la cual defiende el valor patrimonial, ambiental y agrícola de la huerta. La asociación comienza como una iniciativa legislativa popular en 2001, en la cual se trata de introducir una ley de protección de la huerta, que no sigue adelante, pero supone que mucha gente con inquietudes similares, basadas en la defensa del patrimonio, se conozcan. En 2003 se forma la asociación. 

La Huerta de Valencia se caracteriza por poseer una tierra muy fértil, que ha necesitado mucho tiempo para conseguir el valor productivo actual. Desde los años 60, la huerta ha sido reducida en más de un 60%, y enterrada bajo el crecimiento urbanístico de la ciudad. La carretera V-21 es un claro ejemplo de este fenómeno. Nos preguntamos hasta qué punto es necesario ampliar una carretera para fomentar una mayor entrada de vehículos en la ciudad. Se está apostando por un modelo energético nada idóneo en el contexto de emergencia climática que estamos viviendo. El nuevo trazado de la V21 afecta a 80000 m2 de huerta y a tres alquerías centenarias.

Otro conflicto es el Plan General de Alboraya, un proyecto muy antiguo que afectaría 264.000 m2 de huerta. La memoria ambiental del proyecto es del año 2007, este año caduca, pero en plena pandemia se ha modificado la LOTUP y se ha prolongado la vida de la memoria un año más, por lo que el ayuntamiento tiene más tiempo para aprobarlo. El proyecto se plantea sin tener en cuenta datos sobre crecimiento demográfico o sobre solares y viviendas vacías, simplemente se excusan en que son necesarios nuevos equipamientos para el municipio. Durante la pandemia, un pueblo del norte de Valencia, conocido como Benifaraig, se despertó con un muro de 4 m de alto y 200 m de largo que separaba el casco urbano de la huerta. Se estaba planteando la construcción de un nuevo complejo de viviendas y como la normativa acústica exige, es necesaria una pantalla acústica que proteja del ruido al vecindario. Frente a las quejas de las vecinas, el ayuntamiento buscó alternativas de minimización del ruido y del tráfico. A día de hoy, el muro sigue. Además, se está planteando un proyecto basado en una megarotonda en la zona de cruce que conecta Benifaraig con la escuela, que siempre ha sido conflictiva por los problemas de tráfico. La lógica de la Diputación de Carreteras es construir una rotonda de dos carriles, que permita los adelantamientos y que, de ningún modo, minimice el tráfico, además de que afecte a unos 2300 m2 de huerta productiva. Si se lleva a cabo el proyecto servirá de excusa para implantarlo en distintos puntos de la carretera de Moncada.

Por último, el mayor conflicto territorial se encuentra en la ampliación de la zona norte del Puerto de Valencia. Desde la asociación y otros colectivos, tratan de crear debate ciudadano en torno a la necesidad de la ampliación, siendo la primera vez en la historia en la que el puerto se ve cuestionado. El proyecto supone la implantación de un dique que permita la llegada del doble de contenedores a la ciudad. El coste público se calcula en unos 400 millones de euros. En este gasto no se contemplan las infraestructuras que serían necesarias para poder comunicar el lugar, como, por ejemplo, la ampliación del acceso norte, de la V-30… Todas las ampliaciones no tendrán en cuenta el territorio de la huerta ni la contaminación atmosférica que se generará, lo cual resulta ilógico en el contexto de emergencia climática que nos encontramos. 

La línea principal de trabajo de la asociación es luchar contra las amenazas territoriales que sufre la huerta y dar voz a los afectados. Tienen muy clara cuál es la solución frente a estos conflictos, y es la puesta en valor de la huerta, ya que resulta imprescindible en la situación de emergencia tanto sanitaria como climática actual. Algunas de las razones por las que es necesario conservar la huerta son las razones ambientales, ya que es mitigadora de las fuertes lluvias o del efecto isla de calor, y por razones productivas, ya que proporciona alimentos. Para solucionar el conflicto que sufre hay que cambiar el modelo territorial, evitar crear nuevas infraestructuras y tratar de gestionar de una manera eficiente las ya existentes, impedir nuevos crecimientos urbanísticos y repensar el uso de los que ya hay y replantear nuestro modelo económico, sabiendo en qué invertir para mejorar las condiciones del presente y del futuro. 

Para finalizar la mesa redonda, Elena Benito expone el conflicto ocurrido en la presa de los Toranes, en Teruel. Su objetivo es defender la soberanía del territorio. Elena dejó la ciudad y se fue a vivir a un valle de Teruel. Un año después, se le convoca a una reunión en la era de la aldea y se le expone el problema: la pequeña presa que suministra agua a las acequias de los barrios de la zona va a ser derribada. Frente a este suceso, los pocos habitantes de los barrios vecinos se plantean manifestarse, pero resulta imposible debido a la escasez de personal y los pocos recursos de comunicación que poseen. Inician una campaña de comunicación con el objetivo de conseguir que el proyecto salga del valle y se cree movilización política. De esta manera, nace Acequias Vivas. El proyecto trata de dar a conocer la situación de los barrios afectados por la decisión del derribo de la presa mediante la recogida de testimonios, vídeos, artículos, documentación legal…

La presa tiene una capacidad de medio hectómetro, ocupa 8 has. de terreno y una altura de 17 m. Está en el río Mijares, y pertenece a Albentosa. El río Mijares presenta unas 49 barreras fluviales. La presa se encuentra en el inicio de los estrechos del río, en una zona catalogada como Red Natura 2000 y LIC ya existiendo la presa. Unos km antes de la presa hay una piscifactoría y una empresa de fertilizantes. La función de la presa es derivar el agua a una central hidroeléctrica en el municipio de San Agustín. Esa agua sirve de alimento para el regadío y para las acequias y barrios de la zona. Muchos bancales se han quedado sin regadío y en la actualidad, funcionan recogiendo el agua de la lluvia. Algunas de las excusas para demoler la presa se basaban en su estado ruinoso, pero no es así ya que había recibido mejoras de la mano de Iberdrola. Además de que no posee escala íctica, por lo que los peces no pueden pasar. Esta excusa no resulta muy lógica ya que se trata de un río que posee gran cantidad de barreras fluviales.

La resolución se basó en abrir un expediente para ver quien se encargaba de la presa, Iberdrola o el Estado. El MITECO, como parte interesada, contrata a una consultora de inteligencia artificial, que no se presenta en el territorio y da como solución para la presa la puesta en marcha de un ascensor para los peces, lo cual supondría un gasto de en torno a 2 millones de euros, además de que se trata de una solución de la cual no se conoce prácticamente su viabilidad. Otro punto que no menciona el estudio es la presencia de lodos de alta toxicidad, reconocen el estado ecológico del río como moderado, y afirman que la demolición de la presa favorecería el cumplimiento para el embalse de Arenós (Castellón) con la Directiva del Agua. El MITECO firma la demolición de la presa sin llevar a cabo ningún tipo de estudio de impacto ambiental, obligatorio en este tipo de actuaciones y debe recoger los impactos producidos sobre fauna, salud, flora… antes de resolver cualquier expediente. La evaluación de impacto ambiental debe contemplar todas las alternativas, también la 0, que es no hacer nada. Además de que debe ser participativa, todos los ciudadanos tienen la posibilidad de participar y opinar. El conflicto se produce cuando se obvia el territorio y se toman decisiones generalistas y a gran escala, sin tener en cuenta a las poblaciones que velan porque el territorio exista. 



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